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Mostrando entradas de agosto, 2012

Un Plato de guiso.

Susana nació en la mitad del siglo veinte. No acostumbra dar  datos exactos sobre la fecha. Ya bastante pesado le cae el apelativo “sexagenaria” como para abundar en detalles o precisiones. Ahorremos el espacio del relato de su infancia. No hay allí nada relevante. Fue una cordobesa más, de una clase media educada, que llegó a la adolescencia en los 60. Como a casi todas sus contemporáneas, la época le cargó el imperativo revolucionario en la espalda: una muchacha moderna debía ser sexualmente emancipada y políticamente comprometida. Aunque sus padres, conservadores,  la habían enviado a un colegio de monjas, no tuvieron en cuenta o no supieron que la orden de las Hermanas Mercedarias había abrazado el Concilio Vaticano II y la Teología de la Liberación. Fue así que la formación intelectual de Susana abrevó en esa masa diversa que suelen llamar progresismo: un poco de marxismo, algo de religión, bastante de voluntarismo y mesianismo, algo de literatura y música. Terminó la secundaria,…

Sabiduría de los refranes.

Nota: una versión anterior de este post se publicó hace dos años. Esta es su versión definitiva.


Si la frase que dice -“no hay perro que no se parezca al dueño”- fuera ley, y por lo tanto de cumplimiento forzoso,  tía Isabelita no saldría bien parada. A Rutger lo padecimos durante toda la infancia. Físicamente no se destacaba por nada: no era ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco, ni chato ni trompudo, ni corto ni largo. Un poco blanco, un poco negro, un poco marrón y ya tenemos la descripción del miserable cuadrúpedo. Debajo de la piel manchada se escondía la sorpresa. Si entre los lectores se encuentra alguna persona de esas que se llaman a sí mismos “proteccionistas” o “defensor de los derechos animales”, y  eleva su dedo admonitorio, airado ante lo que juzga como comentarios salvajes y pocos civilizados, permítanme aclarar un par de puntos: primero, proteccionismo es una disciplina económica, no ponerle platitos de comida a cualquier bicho de la calle; y segundo, como los animales no s…