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Mostrando entradas de octubre, 2014

La novia del guerrero (28)

Tanto las fiestas como el verano habían pasado sin pena ni gloria. El señor Petrini gastaba el tiempo de las vacaciones comparando cuantos muertos más consignaba el diario de la tarde respecto del de la mañana. Doña Nélida, hablaba con doña Cora, se refería con groserías a sus cuñados y desconfiaba de Elenita y Carmen. El control sobre su hija había vuelto a ser laxo porque Liliana misma había reducido sus salidas. La Susy la pasaba también recluida en su casa, bajo la mirada atenta de su madre, y Tito se había ido con sus padres a Santa Teresita. Moncho estaba más ocupado. Con el apoyo de su padre, que según el Rengo "era de la pesada", había empezado a militar en la Juventud Sindical Peronista. En cuanto Cacho se enteró le retiró el saludo. Raquel se había puesto de novia con un chico judío como ella, que pasaba discos en una boîte de Río Ceballos. Las pocas veces que Liliana había intentado hablarle por teléfono estaba durmiendo.
Del Rengo no se sabía nada. Después de la …

La novia del guerrero (27)

El cerco. Antes de lo que pasó el primero de mayo, cada vez que Perón hablaba para decir exactamente lo contrario de lo que  había prometido cuando no estaba en el país, el Rengo hablaba del “cerco”. Liliana, en aquel momento no entendía. Con el tiempo, las palabras que le daban sentido a una época se fueron olvidando para dar lugar a otras. Así, a medida que los años pasaban, Liliana había escuchado o dicho cosas como “socialismo nacional”, “ser nacional”, “soberanía”, “tercer movimiento histórico”, “revolución productiva”, “salariazo”, “uno a uno”, “cacerolazo”, “corralito”, “condenados al éxito”, y, como si una noria completara su giro, de nuevo “socialismo nacional”.
Sin embargo, la palabra que ahora volvía una y otra vez a la cabeza de Liliana era “cerco”. Unos días después del café con Raquel se le formó la imagen en la cabeza. Estaba en su casa con el televisor prendido, con el único fin de tener algún ruido que la distrajera. En algún momento empezó a prestar atención a una vo…

La novia del guerrero (26)

A veces Liliana tenía la sensación de que todas las conversaciones convergían en un mismo asunto, o de que las circunstancias operaban de una manera inextricable pero con un sentido. El Rengo se reía de ella cuando comentaba esa sensación, y le decía que el problema  no eran los datos de la realidad, sino la carencia de instrumentos de interpretación y transformación. De todas maneras, la segunda mitad del año 74 estuvo llena de momentos de lo que Liliana catalogaba como señales, y el Rengo como datos objetivos. Por ejemplo, las circunstancias que fueron llevando al abandono de la formación política.En un lapso asombrosamente breve se fueron dando una serie de incidentes que dieron por terminada la militancia. Primero fue la insistecia de doña Cora, la vecina de la esquina de su cuadra.
Doña Nélida y doña Cora solían tener largas conversaciones itinerantes, que empezaban en el mercado, seguían en el almacén, y terminaban, mate mediante, en la cocina de la casa de alguna de ellas. El e…

la novia del guerrero (25)

—No se de qué hablás.
—Si sabés, dejá de hacerte la pelotuda que te conozco desde los doce años.
—Lo que faltaba: me invitan para agredirme.
—¡Pero si llamaste vos! ¿O habrá sido tu gemela malvada?
Liliana no pudo contestar. Era cierto. Ella había llamado a Raquel para tener con quién hablar. Sin saber como seguir, se quedó parada delante de la mesa mientras pensaba mil cosas distintas: en como estaría la rosácea, en la falta que le hacía en ese momento la Susy para que jugara el papel de pelele, en las veces que había logrado salir airosa, por ejemplo, con la inspectora.
Seguía ensimismada cuando escuchó la voz de Raquel, en un tono discreto pero terminante:
—Ahí viene el mozo para atendernos. Te vas o te sentás. Si hacés el jueguito del escándalo, te juro que te arranco la cabeza.
Se sentó. Muy pocas veces había visto a su amiga con ese ánimo.
—Buenas tardes. ¿Puedo tomarles el pedido ahora?
—Si querido, —dijo Raquel—, traeme un cortado y un alfajor de maicena. ¿Vos Liliana?
—Lo mi…