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Mostrando entradas de febrero, 2016

Baigorria (20)

No me gusta salir del barrio. Menos de noche. Si accedí a subirme al auto de Gómez y viajar hasta Alta Gracia fue por la necesidad de terminar con todo este asunto. Además, toda la zona de Paravachasca me trae recuerdos de Sara Sandler, de tardes en el río en La Paisanita, de fotos al lado del Hongo (ese mirador extraño en el medio del río) de momentos mejores que estos que les relato. El trayecto fue más rápido de lo que esperaba. El tramo por la autopista no nos llevó más de veinticinco minutos, en los que Gómez apenas me dirigió la palabra. Recién después de cruzar el norte de Alta Gracia y buscar un camino de tierra empezó a darme indicaciones: —Tratá de no hacer cagadas. —Chuy. —No contestés como un pendejo —Re-chuy —Baigorria, sos un pelotudo bárbaro y si me contestás “chuy” de nuevo te meto un balazo y te tiro en una cuneta.

Baigorria (19)

–¡Vos si que no te privás de nada, Betito! ¿Te ofreciste a probar la nueva tecnología en combate del delito? Despertar en una comisaría es malo. Que además te duela la cabeza y la espalda por que te dispararon con una pistola de electrodos es peor. Sumarle la voz estridente de Casipupi es infernal.  Mientras me tocaba la espalda para ver si me había quedado alguna lastimadura, intenté contestarle: –¿Qué hacés acá? –Y….,  vos viste como es con los chicos. A los dos boludos que tengo de hijos los agarraron en pedo tirándole piedras a una vidriera, y acá estoy sacándolos. Yo le decía a mi mujer que hay que dejarlos que se caguen por estúpidos, pero… Miré a Casipupi de arriba abajo. Realmente no sabía si contestarle o no, porque en realidad, más allá de lo que yo decidiera, él seguiría hablando todo el tiempo que se le antojara. Y de hecho lo hizo. Traté de distraerme poniendo atención al resto de los sonidos del lugar. A medida que iba recuperando el uso de mis sentidos me di cuenta que el t…